sábado, 1 de octubre de 2011

Macrocosmo y Microcosmo

Macrocosmo y Microcosmo están estrechamente ligados.
El Dr. Lavezzeri ya reveló las curiosas relaciones que existen entre la vida astronómica y la vida humana.
Las 72 pulsaciones del hombre de buena salud corresponden a los 72 años que emplea el Sol para desplazarse 1 grado a través del cielo.
El corazón late 4 veces cuando respiramos una vez, es decir, que el número de respiraciones es de 18 por minuto, lo que corresponde a las 4 estaciones y a los 18 años de la nutación del eje terrestre bajo la influencia lunar.
En cuanto a las 25.920 respiraciones en 24 horas, nos hacen pensar en la precesión de los equinoccios, por el número de años del famoso gran Ciclo, al fin del cual las constelaciones cierran su vuelta Zodiacal; de allí derivan también las grandes Eras procesionales: ( años por signo) así del 4.320 a 2.160 a.C., el Ciclo de TAURUS simbolizó a Egipto, a Caldea, y a la sibilización cretense.
Después vino la era de ARIES que transformó la religión: Moisés prohibió a los hebreos adorar el Becerro de Oro (el Buey Apis).
La Era Cristiana corresponde al Sol penetrando desde el año I de la Era en el nuevo signo de PISCIS.
Naturalmente este simbolismo no es de una precisión absoluta, pero hay que hacer notar que grandes Ciclos marcan la historia de los pueblos.
La Era del AQUARIUS debe efectivamente simbolizar un ciclo nuevo de 2.000 años más o menos y marcar una renovación. Algunos se basan para enunciarla como consecuencia del descubrimiento de la desintegración del átomo, calificando nuestra época de Edad Atómica, lo que puede ser simbolizado por el planeta URANO que caracteriza los acontecimientos bruscos y gobierna justamente el signo del AGUADOR (Acuario).
Otros apoyan sus pronósticos en las Escrituras.
De la primera hipótesis de trabajo nace el problema astrológico para el cual ciertas aclaraciones se hacen necesarias. La astrología trata de los cuerpos celestes en su naturaleza y en su movimiento: es una Ciencia de los Mundos. Estuvo en boga en Caldea, Egipto y Mesoamérica.
Continuó en la Edad Media con Parecelso; luego con Kepler.
Fue refutada por los racionalistas así como la Alquimia y las otras doctrinas ocultas.
Sin embargo, no obstante todos los obstáculos, encontró nuevos adeptos ilustres en Napoleón y Goethe, para no citar más que a ellos.
La opinión corriente es que ya no se cuenta con adherentes serios. El público en general no conoce más que la superficie de las cosas e ignora muy a menudo que, además del montón de charlatanes presuntuosos, hay buscadores serios que trabajan en silencio.

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